LA DEMENCIA
La demencia es un tema muy
recurrente cuando se habla de las enfermedades de los mayores. En nuestra
Asociación AVOMACYL (y tenemos muchos mayores) gracias a Dios no tenemos
personas ni con inicio de demencia; otra cosa es cómo están algunos de nuestros
alumnos de los talleres.
El día 21 de septiembre se celebra todos los años (desde el año
1994) el Día Mundial de Alzheimer que es la forma más común de Demencia
“57 millones de personas en el mundo
padecen demencia y se espera que la cifra se triplique para 2050.”
La demencia erosiona poco a poco las conexiones de nuestro cerebro y se lleva
consigo los preciados recuerdos atesorados durante toda una vida. Pero por si
no fuese poco con esta pérdida, se dice que la demencia es una enfermedad
multidimensional, porque al destruir el funcionamiento de la mente,
también acaba con la autonomía de las personas, con su bienestar y con
su dignidad. Por ello, aunque la cifra oficial de personas que padecen de
demencia sean 57 millones, el número real de afectados se extiende a todos los
familiares y allegados que han de cuidar de estas personas que dejan de valerse
por sí mismas.
Como todavía no existe una cura de la demencia, la clave, según explican
los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), está en
tratar de prevenir su aparición o retrasarla lo máximo posible.
Afortunadamente, durante los últimos años se ha avanzado mucho en el
conocimiento de este conjunto de enfermedades, por lo que cada vez se conocen
más causas que aumentan el riesgo de padecer estas enfermedades en la vejez.
Todas las guías y recomendaciones, tanto personales como a nivel nacional,
se encuentran recogidas en el último informe de la OMS denominado “Reducción de riesgos de deterioro cognitivo y demencia”,
presentado en julio de 2026.
Según palabras del propio director de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom
Ghebreyesus: “Hoy sabemos más que nunca acerca de los factores que influyen en
el riesgo de demencia, y estas directrices plasman ese conocimiento en
medidas concretas”. La idea, por tanto, es que exista una base de
recomendaciones claras y basadas en la evidencia para poner en práctica de
inmediato.
La pérdida
auditiva y el aislamiento social, dos riesgos importantes que favorecen la
demencia
Aunque parezca sorprendente, la pérdida auditiva es uno de los
riesgos más importantes a la hora de desarrollar demencia. Se estima
que una de cada cinco personas en todo el mundo padece algún tipo de
disfuncionalidad auditiva, y la mayoría de los casos están sin diagnosticar.
Esta pérdida de audición perjudica otros aspectos vitales, como la
socialización y la salud mental, lo que repercute directamente en la cognición.
Y el impacto es mucho mayor de lo esperado. En torno a un 7 % de todos
los casos de demencia podrían evitarse en el caso ideal en el que se recuperara
por completo la audición de toda la población mundial.
Otro 5 % de casos podría evitarse si se eliminase la soledad no
deseada. Es decir, que todo el mundo pudiese gozar de las conexiones
sociales que deseara y ser miembros importantes en su comunidad. Según varios
estudios independientes, mantener conexiones sociales sólidas puede
retrasar el inicio de los primeros síntomas de la demencia hasta 5 años, ya
que promueve hábitos saludables y reduce el estrés.
Casi la mitad del riesgo es evitable con el cambio de
hábitos
Según indican en el informe, gran parte del riesgo de padecer demencia
proviene de otras acciones evitables en las que se engloba el consumo
de tabaco, de alcohol o la inactividad física. Además, también
contribuyen en gran medida a aumentar dicho riesgo la contaminación del aire y
lo que denominan las “enfermedades no transmisibles”, entre las que se incluyen
la hipertensión, la hipercolesterolemia o la diabetes.
Así pues, la evidencia muestra que las acciones que más reducen el riesgo
de demencia también son las más beneficiosas para la salud general. Realizar
deporte, disminuir el consumo de sustancias perjudiciales y mejorar los hábitos
alimenticios son la tríada más efectiva para reducir el riesgo
de demencia. No sólo permiten un envejecimiento saludable, sino que
también, en su conjunto, podrían evitar hasta el 20 % de los casos de demencia.
Pero el beneficio añadido se encuentra en la prevención de enfermedades
geriátricas, lo que supone un enorme gasto sanitario que puede destinarse a una
mejor atención al resto de pacientes.
Además, en este informe, han añadido reducir la exposición a contaminantes
atmosféricos, ya que se ha observado que las pequeñas partículas y otros
contaminantes presentes en el aire pueden afectar, a la larga, a la cognición y
al bienestar global. Reducir la contaminación atmosférica a cero podría
prevenir alrededor del 3 % de los casos de demencia globales.
La clave de este informe ha sido, por tanto, poner en valor todo el
conocimiento amasado durante los últimos años por cientos de centros de
investigación de todo el mundo y resumirlo en acciones concretas. De lograr que
estas medidas se aplicasen de forma optimizada, podrían reducir el riesgo hasta
un 45 % de padecer demencia en toda la población. Así, se podrían menguar
los gastos económicos y sociales que suponen el cuidado de personas con
demencia, que actualmente rondan los 1,3 billones de dólares anuales. Unos
gastos que no son sólo monetarios, sino que también cuentan las horas de
asistencia que los familiares y cuidadores han de emplear para mantener la
dignidad de las personas con demencia.
Si esta lectura ha servido para que “tomemos nota” y apliquemos los
consejos que aquí se exponen, daríamos por bueno, el trabajo de resumir y
elaborar este informe.
FELIZ VERANO.





